Donde se encuentran las olas, como una sábana que se dobla en diferentes direcciones. Las manos se pierden continuamente una contra otra, palmas se tocan y viven en una sola sombra. Una ventana muestra un jardín tropical. Una alberca vacía en un terreno que vive en un pueblo pequeño en México. Pericos verdes y flores de tonos vivos, estáticos. Una historia en reverso. Es un día de pensamientos conectados en un estado de música sin sonido, vibraciones y palpitaciones repetitivas. Historias escritas desde la cama.

Dualidad entre ambos. Esta es su historia. Un producto de un encuentro matutino. No hay mucho ruido, solo vivencias. Las sábanas no tienen color. La habitación solo cuenta con un ventilador en el techo y una mesa pequeña. Las sombras se dibujan en una pared. Los cuerpos son como esculturas en diferentes posiciones. Rostros sin nombres. Cuerpos sin caducidad, quedan juntos en una escena. Inmóviles. Mariposas cruzan la ventana y la brisa del mar se puede oler.

Las historias nunca se acaban. Se pueden perder en el tiempo. Pero viven. Se repiten. El tiempo nunca ha sido lineal, al contrario, se dispersa como los pensamientos que nos consumen diariamente. Una película y una canción que vuelven a tocar sin tener una forma física. Un cuerpo desdibujado detrás de una palma. Una persona que nunca supo que su vida iba a estar ahí presente, en el pueblo. El fantasma que camina sin rumbo y que habla con los niños de historias del mar.

Los niños pequeños hablan con sus manos y mueven los dedos hacia sus caras. Los padres se preocupan por sus amigos imaginarios. Los fantasmas no parecen aquellos que nos enseñaron en las películas, tienen autonomía y fisonomía. Todos se concentran en una pantalla para evadir la realidad. Espero algún día ser aquella historia que aparece en tu celular. Una distracción para evadir la realidad.

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